Gn 15,5-12.17-18; Salmo 26; Flp 3,17– 4,1; Lc 9,28b - 36
" Manteneos asi, en el Señor, queridos"
[Andaba a la greña con mis pensamientos acerca de la idoneidad de esta monición hasta el mismísimo domingo poco antes de su lectura. Pues por un lado sentía que no señalaba el núcleo de la Palabra, esto es, que fue la fe en Ella lo que se le sumó en el haber de Abraham para pudiera así gozar de la dicha del Señor en el país de la vida; que por nuestra fe y la cruz de nuestro Señor, alcanzaremos la gloria de un cuerpo –todo nuestro ser– transfigurado por la resurrección.
Finalmente, por ésta y otras causas, no la leí. De ahí que hasta ahora no introdujera la entrada
Pero, pocas horas de esta en que escribo este entrecorcheteado –noche del lunes– yo mismo decía a una buena amiga: “¿Acaso la Palabra, toda Ella eficaz, puede tener aspectos ‘secundarios’?”]
Ocho días después de anunciar por primera vez su pasión Jesús sube, con sus más íntimos, a orar, a dialogar con lo Eterno. No busca glorificarse; sólo orar. Pero fruto de ese diálogo serán las maravillas que escucharemos en el Evangelio.
Pues muy a menudo, nuestra idea de “estar en la gloría” sólo atiende a deseos mundanos. Pablo nos advierte que muchos sólo se quedan con esta vanagloria del pensar al modo humano, y no la que nos dará su Resurrección tras la Cruz; única, como señala el salmo, que nos hará gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Y un detalle en la lectura del Génesis. En toda maravilla, siempre surgirán buitres, como en la alianza de Dios con Abraham, que quieran aprovecharse de ella. Pero si el Espíritu mismo se convierte en fuego ardiente para sellar su alianza con nosotros, ¿a quién temeremos? Es más: Dios Padre, en boca del apóstol, nos anima a mantenernos en el amor de Cristo y a ser fieles a su palabra.
Escuchémosle.
lunes, 22 de febrero de 2010
lunes, 15 de febrero de 2010
Primer Domingo de Cuaresma
Dt. 26, 4-10; Salmo 90; Rm 10, 8-13; Lc 4, 1-13
"Se puso junto a Mí: le libraré"
El Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado.
Necesaria y buena es, por tanto, la tentación.
Doblemente buena, señalaría yo.
Si caemos en ella, en nuestro corazón podremos desear levantarnos y alcanzar la dicha del perdón.
Y si logramos superarla, entonces, ¡qué grande es nuestro gozo y nuestra alabanza al Señor!; porque Se ha puesto a nuestro lado y nos ha librado.
"Se puso junto a Mí: le libraré"
El Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado.
Necesaria y buena es, por tanto, la tentación.
Doblemente buena, señalaría yo.
Si caemos en ella, en nuestro corazón podremos desear levantarnos y alcanzar la dicha del perdón.
Y si logramos superarla, entonces, ¡qué grande es nuestro gozo y nuestra alabanza al Señor!; porque Se ha puesto a nuestro lado y nos ha librado.
lunes, 8 de febrero de 2010
Sexto Domingo del tiempo ordinario
Jr 17, 5-8; Salmo 1; 1 Cor 15, 12. 16- 20; Lc 6, 17. 20-26
"Él, levantando los ojos hacia sus díscípulos, les dijo: Dichosos (...)"
Con qué facilidad confiamos en nuestra "posición" en este mundo. De ello nos previene la Palabra de este domingo: Jeremías y el salmista coinciden en bendecir a quién confía en el Señor; y en maldecir al insensato que lo hace en su propio valer.
Porque pensamos demasiado en las cosas de este mundo como si fuese el único que nos aguarda…o que nos retiene. De este desdichado error nos avisa Pablo.
Y fijaos en el Evangelio: como Jesús, el Maestro, baja delante de los discípulos es que, al dirigirse a ellos, ha de alzar la mirada. Pues el corazón de Jesús, sin importar dónde le sitúen las circunstancias, siempre se posiciona a favor del pobre, del hambriento, del que llora o del que es excluido por aquellos que se creen en una posición más elevada.
Será la primera contraposición de las Bienaventuranzas.
Sea la nuestra una actitud de pescador (S. Agustín,¿recordáis?) para dejar que nos llene la Palabra y alcanzar la Vida por confiar tan sólo en Ella.
"Él, levantando los ojos hacia sus díscípulos, les dijo: Dichosos (...)"
Con qué facilidad confiamos en nuestra "posición" en este mundo. De ello nos previene la Palabra de este domingo: Jeremías y el salmista coinciden en bendecir a quién confía en el Señor; y en maldecir al insensato que lo hace en su propio valer.
Porque pensamos demasiado en las cosas de este mundo como si fuese el único que nos aguarda…o que nos retiene. De este desdichado error nos avisa Pablo.
Y fijaos en el Evangelio: como Jesús, el Maestro, baja delante de los discípulos es que, al dirigirse a ellos, ha de alzar la mirada. Pues el corazón de Jesús, sin importar dónde le sitúen las circunstancias, siempre se posiciona a favor del pobre, del hambriento, del que llora o del que es excluido por aquellos que se creen en una posición más elevada.
Será la primera contraposición de las Bienaventuranzas.
Sea la nuestra una actitud de pescador (S. Agustín,¿recordáis?) para dejar que nos llene la Palabra y alcanzar la Vida por confiar tan sólo en Ella.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Quinto Domingo del Tiempo Ordinario
Is 6, 1-2a. 3-8; Salmo 137; 1Cor 15, 1-11; Lc 5, 1-11
"Tú también serás pescador; lanza tus redes y espera en el Señor"
El hombre de labios impuros, pero que elige postrarse ante el Señor; aquél que reconoce no poder nacer a la Luz sin la gracia del Dios conmigo… éstos son los elegidos de la Palabra para ser sus testigos.
San Agustín así nos lo señala: "Dame, dice Cristo, a ese pescador; dame a ese hombre simple y sin instrucción; dame a ese hombre con el cual el orador, el senador o el emperador no se digna hablar, ni tan sólo cuando le compra pescado. Sí, dame a ese hombre. Cuando lo haya llenado, se verá claramente que soy únicamente Yo quien actúa.”
Recostemos nuestro corazón para escuchar a Isaías, profeta, la santidad de nuestro Señor; y su voluntad de, ante todo, obedecerle.
Para oír del apóstol Pablo el fundamento de nuestra fe; y que lo pequeño de este mundo es lo más grande del Reino.
Y, en el Evangelio, el cuerpo y el alma pongamos en pié. Pues el Pescador tiene la Palabra
"Tú también serás pescador; lanza tus redes y espera en el Señor"
El hombre de labios impuros, pero que elige postrarse ante el Señor; aquél que reconoce no poder nacer a la Luz sin la gracia del Dios conmigo… éstos son los elegidos de la Palabra para ser sus testigos.
San Agustín así nos lo señala: "Dame, dice Cristo, a ese pescador; dame a ese hombre simple y sin instrucción; dame a ese hombre con el cual el orador, el senador o el emperador no se digna hablar, ni tan sólo cuando le compra pescado. Sí, dame a ese hombre. Cuando lo haya llenado, se verá claramente que soy únicamente Yo quien actúa.”
Recostemos nuestro corazón para escuchar a Isaías, profeta, la santidad de nuestro Señor; y su voluntad de, ante todo, obedecerle.
Para oír del apóstol Pablo el fundamento de nuestra fe; y que lo pequeño de este mundo es lo más grande del Reino.
Y, en el Evangelio, el cuerpo y el alma pongamos en pié. Pues el Pescador tiene la Palabra
lunes, 25 de enero de 2010
Pedro de Blois (día tras día)
Hay tres venidas del Señor, la primera en la carne, la segunda en el alma y la tercera en el juicio. La primera tuvo lugar a medianoche, según la palabra del evangelio: A media noche se oyó una voz: ¡Que llega el esposo! Esta primera venida ya pasó, porque Cristo fue visto en la tierra y conversó con los hombres. Actualmente estamos en la segunda venida, pero con la condición que seamos de tal forma que pueda venir a nosotros; porque ha dicho que si le amamos vendrá a nosotros y hará su morada en nosotros. Esta segunda venida, pues, es para nosotros una verdad con cierta incertidumbre porque ¿quén sino el Espíritu de Dios conoce quiénes son de Dios? Aquellos que el deseo de Dios arrebata fuera de sí mismos saben bien cuándo llega él; y, sin embargo, no saben de dónde viene ni adónde va. En cuanto a la tercera venida, es muy cierto que ocurrirá y muy incierto cuándo será, puesto que no hay nada más cierto que la muerte y nada más incierto que el día de la muerte
La primera venida es humilde y escondida; la segunda es misteriosa y llena de amor; la tercera será resplandeciente y terrible. En su primera venida, Cristo fue juzgado injustamente por los hombres; en la segunda, nos hace justos por su gracia; en la última, lo juzgará todo con equidad: Cordero en su primera venida, León en la última, Amigo lleno de ternura en la segunda
La segunda... el momento en que vivo. ¡Así sea!
En el Amigo
al + mc
La primera venida es humilde y escondida; la segunda es misteriosa y llena de amor; la tercera será resplandeciente y terrible. En su primera venida, Cristo fue juzgado injustamente por los hombres; en la segunda, nos hace justos por su gracia; en la última, lo juzgará todo con equidad: Cordero en su primera venida, León en la última, Amigo lleno de ternura en la segunda
La segunda... el momento en que vivo. ¡Así sea!
En el Amigo
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domingo, 24 de enero de 2010
Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario
Jr 1, 4-5.17-19; Salmo 70; 1Cor 12, 31--13, 13; Lc 4, 21-30
"No les tengas miedo que (...) el amor no pasa nunca"
Las lecturas de este domingo, lo repetiremos en el salmo, lograrán que nuestra boca cante tu salvación, Señor; y que todo nuestro ser recuerde que en nuestro bautizo se nos hizo, para ello, profeta, sacerdote y rey.
Y esto pudiera ser el nexo que las una: un singular ejemplo de cómo actuar en cada caso.
Como profeta, Jeremías es escogido y consagrado para anunciar a todos los pueblos un mensaje radical que ni las leyes de los poderosos ni el hambre del pueblo lograrán acallar. También para nosotros es difícil no tener miedo; ¡si tuviésemos la valentía que cabe en un granito de mostaza!
Como sumo sacerdote, el propio Jesús, ya no profeta sino mismísimo Verbo de Dios Encarnado, tampoco es aceptado. Pese a todo, una buena nueva: la Palabra se hace paso entre nosotros; ¡dichoso el que no La deje alejar!
Pero antes Pablo se expresará como rey. No al estilo de la política de este mundo sino, ya sabéis, al estilo del Reino: como un padre paciente explicará a sus amadísimos hijos de la comunidad de Corintio o de esta comunidad de Paterna, entre otras, el mandato soberano del que es Rey de reyes: cómo se lleva a la práctica Su mandamiento de Amor.
"No les tengas miedo que (...) el amor no pasa nunca"
Las lecturas de este domingo, lo repetiremos en el salmo, lograrán que nuestra boca cante tu salvación, Señor; y que todo nuestro ser recuerde que en nuestro bautizo se nos hizo, para ello, profeta, sacerdote y rey.
Y esto pudiera ser el nexo que las una: un singular ejemplo de cómo actuar en cada caso.
Como profeta, Jeremías es escogido y consagrado para anunciar a todos los pueblos un mensaje radical que ni las leyes de los poderosos ni el hambre del pueblo lograrán acallar. También para nosotros es difícil no tener miedo; ¡si tuviésemos la valentía que cabe en un granito de mostaza!
Como sumo sacerdote, el propio Jesús, ya no profeta sino mismísimo Verbo de Dios Encarnado, tampoco es aceptado. Pese a todo, una buena nueva: la Palabra se hace paso entre nosotros; ¡dichoso el que no La deje alejar!
Pero antes Pablo se expresará como rey. No al estilo de la política de este mundo sino, ya sabéis, al estilo del Reino: como un padre paciente explicará a sus amadísimos hijos de la comunidad de Corintio o de esta comunidad de Paterna, entre otras, el mandato soberano del que es Rey de reyes: cómo se lleva a la práctica Su mandamiento de Amor.
lunes, 18 de enero de 2010
Tercer Domingo del Tiempo Ordinario
Ne 8, 2-4a. 5-6. 8-10; Salmo 18; 1Cor 12, 12-30; Lc 1, 1-4; 4, 14-21
" Todos hemos bebido de un solo Espíritu"
Es hoy tercer domingo del tiempo ordinario. Los acontecimientos recién vividos en estos días (alegres como la navidad, desoladores como el terremoto de Haití) se van normalizando. Al parecer, nos es difícil vivir y, aun menos, convivir sin acotar nuestra conducta y, peor, nuestras esperanzas y alegrías, a unas normas, a “lo que toque” del día.
Quizás por eso hoy, la Palabra, siempre extraordinaria, en boca de Esdras el escriba, nos convoca y anima a estar alegres, a consagrar, no solo hoy sino nuestro día a día, al Señor.
“La voluntad del Señor es pura y eternamente estable”, nos dirá el Salmo.
Y su voluntad es que seamos uno en Él, como Él lo es en el Padre. Así nos lo explicará Pablo en su primera carta a los Corintios.
Y para ser un tiempo ordinario o precisamente por serlo, cuando menos lo esperamos, la Buena Nueva no podrá ser más esperanzadora: “Hoy se cumple la Escritura”
Estemos atentos, pues, a ella.
" Todos hemos bebido de un solo Espíritu"
Es hoy tercer domingo del tiempo ordinario. Los acontecimientos recién vividos en estos días (alegres como la navidad, desoladores como el terremoto de Haití) se van normalizando. Al parecer, nos es difícil vivir y, aun menos, convivir sin acotar nuestra conducta y, peor, nuestras esperanzas y alegrías, a unas normas, a “lo que toque” del día.
Quizás por eso hoy, la Palabra, siempre extraordinaria, en boca de Esdras el escriba, nos convoca y anima a estar alegres, a consagrar, no solo hoy sino nuestro día a día, al Señor.
“La voluntad del Señor es pura y eternamente estable”, nos dirá el Salmo.
Y su voluntad es que seamos uno en Él, como Él lo es en el Padre. Así nos lo explicará Pablo en su primera carta a los Corintios.
Y para ser un tiempo ordinario o precisamente por serlo, cuando menos lo esperamos, la Buena Nueva no podrá ser más esperanzadora: “Hoy se cumple la Escritura”
Estemos atentos, pues, a ella.
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