Isaías 11, 1 - 10 (Está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar)
Salmo 71 (El se apiadará del pobre y del indigente)
Rm 15, 4 - 9 (Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió)
Mt 3, 1 - 12 (Os bautizará con Espíritu Santo)
Andamos entre lo nuevo y lo viejo; entre lo que ha de morir y aquello que ha de vivir por siempre; entre nuestro parco y, en muchas ocasiones, mezquino entendimiento y la siempre sobreabundante y cierta ciencia del Señor.
Seguimos maravillandonos que el león pueda algún día comer paja con el buey, sin recaer que tal día dejaría de ser león para ser una criatura nueva; pues el ser que nosotros identificamos como un león es fiero, fuerte... que para vivir, ha de alimentar su carne con la muerte de otra carne
Pero esto no ha de ser siempre así
No sabemos cómo nos alimentaremos aquel día futuro, si con el grano que el Señor guardará en su granero. Sabemos que no solo de pan vive hoy el hombre. Quizás ese día no necesitemos de otro Pan
Con todo, me temo que más nos vale no pensar demasiado
En un mundo que sigue razonando y actuando como si Dios "premiase" o "castigase" en esta vida terrena por lo bien o mal que nos va, por nuestra salud o enfermedad, por nuestro estatus social, por el reconocimiento que se nos debe... Dios Padre sigue prefiriendo al pobre, al indigente. ¿Nos consideramos pobres, indigentes? ¡Ay, que me acuerdo de aquella otra exhortación: "Si no te lavo los pies no tienes nada conmigo"!
Y yo que pretendo tener unos cuantos servidores que estén pendientes de mi...
Acogerte, no es convertirte en mi servidor. No es pretender hacerte de los míos "haciendote mio", esto es, de mi propiedad. No es hacerte mi amigo; ni hacerme tu amigo. Es pacer juntos en el Amigo
Hasta el buen Juan Bautista andaba anclado en el mundo: el grano contra la paja.
Todo lo creado por la mano de Dios Padre "es bueno"; nada es "paja".
Es nuestra manía de quemar las cosas, clasificandolas "malas". Como si estuviera en nuestra mano tal poder de decidir qué es bueno o qué es malo
Y hasta el propio Juan, como cualquiera de nosotros, pretende añadir al Espíritu Santo, el fuego "purificador"
Sin entender que al Espíritu le sobra con el Amor; éste sí: puro y purificador
En el Amigo
al + mc
lunes, 29 de noviembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
Primer Domingo de Adviento
Is 2, 1 - 5 (Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor)
Salmo121 (voy a decir: "la paz contigo")
Rm 13, 11 - 14a (Daos cuenta del momento en que vivís)
Mt 24, 37 - 44 (a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre)
En el Magnificat leo una edificante exhortación de Pedro de Blois a las lecturas de este primer domingo de avivar la esperanza. Algo ha llovido desde que la escribiera, allá en el siglo XII. Curiosamente, el siglo de las luces (XVIII y algo del XIX) denominó a esta edad "oscura" (la oscura edad media).
Aunque cada hombre ha de darse cuenta del tiempo en que vive y encontrar la luz en él.
Un pero, sin embargo, le pondría: Habla Pedro de tres venidas de Jesús: en la primera, Cordero;en la segunda, Amigo; en la tercera, León. En nuestro cuerpo, la primera; en nuestra alma, la segunda; en el Juicio, la tercera.
Muy apoteósico, como su tiempo; muy secular, como los obispos y sacerdotes de entonces.
Y es que Cristo no tiene ni ayer, ni mañana. Cristo es hoy. Cristo es un presente. Y esta es la hora. El Hijo del hombre está aquí: naciendo en cada cada niño... incluso en los abortados; sintiendo cada una de las alegrías que nos ofrece el Padre... y sufriendo cada martirio que nos infringimos mutuamente; rezando con nosotros por el Pan nuestro de cada día... y para no caer en la diaria tentación de creer que su llegada "será en otra hora, otro día"
En el Amigo
al + mc
Por si no tenéis acceso al Magníficat (yo tengo la suerte que la Comunidad de Dominicas de Santa Catalina de Siena, en Paterna, me lo regala mensualmente) en el siguiente enlace os pongo el fragmento, esperando que, puesto que cito la fuente y es con la mejor intención, esta magnifica publicación no se lo tome a mal
Salmo121 (voy a decir: "la paz contigo")
Rm 13, 11 - 14a (Daos cuenta del momento en que vivís)
Mt 24, 37 - 44 (a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre)
En el Magnificat leo una edificante exhortación de Pedro de Blois a las lecturas de este primer domingo de avivar la esperanza. Algo ha llovido desde que la escribiera, allá en el siglo XII. Curiosamente, el siglo de las luces (XVIII y algo del XIX) denominó a esta edad "oscura" (la oscura edad media).
Aunque cada hombre ha de darse cuenta del tiempo en que vive y encontrar la luz en él.
Un pero, sin embargo, le pondría: Habla Pedro de tres venidas de Jesús: en la primera, Cordero;en la segunda, Amigo; en la tercera, León. En nuestro cuerpo, la primera; en nuestra alma, la segunda; en el Juicio, la tercera.
Muy apoteósico, como su tiempo; muy secular, como los obispos y sacerdotes de entonces.
Y es que Cristo no tiene ni ayer, ni mañana. Cristo es hoy. Cristo es un presente. Y esta es la hora. El Hijo del hombre está aquí: naciendo en cada cada niño... incluso en los abortados; sintiendo cada una de las alegrías que nos ofrece el Padre... y sufriendo cada martirio que nos infringimos mutuamente; rezando con nosotros por el Pan nuestro de cada día... y para no caer en la diaria tentación de creer que su llegada "será en otra hora, otro día"
En el Amigo
al + mc
Por si no tenéis acceso al Magníficat (yo tengo la suerte que la Comunidad de Dominicas de Santa Catalina de Siena, en Paterna, me lo regala mensualmente) en el siguiente enlace os pongo el fragmento, esperando que, puesto que cito la fuente y es con la mejor intención, esta magnifica publicación no se lo tome a mal
jueves, 18 de noviembre de 2010
Solemnidad de Cristo Rey
2 Sam 5, 1 - 3 (Somos para Cristo, hijo de David, "hueso suyo y carne suya")
Salmo 121 (Vamos alegres a la casa del SEñor)
Col 1, 12 - 20 (Cristo, imagen de Dios, plenitud del Universo)
Lc 23, 35 - 43 (Cristo Rey... ¿de qué reino?, ¿de qué subditos?)
Cristo Rey del Universo
¿De qué universo?
Ciertamente, no el mío. En el mío, abiertamente he de proclamarlo, Cristo ocupa un meritorio y honorabilísimo segundo puesto. Pues en mi universo, en mi corazón, el rey y señor soy yo.
Y le doy gracias (y por y en él al Padre), pues muy lejos de mi espíritu está el deseo mundano de riqueza; y porque solo rara vez descubro en mí rastros de pretender ser mejor y más válido que otros; porque dispongo con ellos todo lo que me sobra, incluido algo de mi tiempo
Sí, le doy gracias porque me llama muy a menudo y pretende venir a mi casa a cenar conmigo... tantas que más de una vez le he tenido que decir: oye mira, no puedo; tengo que atender las cosas de mi reino
Con toda seguridad, Cristo es un buen tipo, ¡un gran tipo que merece ser mi segundo de a bordo!
Aunque otras tantas veces me confunda diciéndome lo vano y efímero de mi reinado... ¿podéis creerlo?
¿Es que puede haber algo más bello, con más calidad, de mayor motivo de admiración que yo?
¿Por qué no decir con palabras lo que invariablemente demuestro con mis actos de forma más o menos contundente?
Pese a un año más con El, pese a sus últimas exhortaciones, Cristo no es aun el centro, el Rey de mi universo
Quizás este año que viene
(Así sea)
al + mc
Salmo 121 (Vamos alegres a la casa del SEñor)
Col 1, 12 - 20 (Cristo, imagen de Dios, plenitud del Universo)
Lc 23, 35 - 43 (Cristo Rey... ¿de qué reino?, ¿de qué subditos?)
Cristo Rey del Universo
¿De qué universo?
Ciertamente, no el mío. En el mío, abiertamente he de proclamarlo, Cristo ocupa un meritorio y honorabilísimo segundo puesto. Pues en mi universo, en mi corazón, el rey y señor soy yo.
Y le doy gracias (y por y en él al Padre), pues muy lejos de mi espíritu está el deseo mundano de riqueza; y porque solo rara vez descubro en mí rastros de pretender ser mejor y más válido que otros; porque dispongo con ellos todo lo que me sobra, incluido algo de mi tiempo
Sí, le doy gracias porque me llama muy a menudo y pretende venir a mi casa a cenar conmigo... tantas que más de una vez le he tenido que decir: oye mira, no puedo; tengo que atender las cosas de mi reino
Con toda seguridad, Cristo es un buen tipo, ¡un gran tipo que merece ser mi segundo de a bordo!
Aunque otras tantas veces me confunda diciéndome lo vano y efímero de mi reinado... ¿podéis creerlo?
¿Es que puede haber algo más bello, con más calidad, de mayor motivo de admiración que yo?
¿Por qué no decir con palabras lo que invariablemente demuestro con mis actos de forma más o menos contundente?
Pese a un año más con El, pese a sus últimas exhortaciones, Cristo no es aun el centro, el Rey de mi universo
Quizás este año que viene
(Así sea)
al + mc
sábado, 13 de noviembre de 2010
Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario
Mal 3, 19 - 20a ( A los que honran el nombre del Señor los iluminará el sol, la salud, la justicia )
Salmo 97 (Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud)
2 Tel 3, 7 - 12 (Un ejemplo que imitar)
Lc 21, 5 - 19 (Ocasión de dar testimonio)
Y hasta vuestros padres y parientes y hermanos y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros; y todos os odiarán por causa mía
Pero ni un cabellos de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perserverancia salveréis vuestras almas
¿No parece que Jesús anda un tanto contradictorio en esta ocasión?
¿Qué supone perder hasta el último cabello de nuestra cabeza -cosa que al menos a los hombres puede ocurrirnos de forma totalmente natural e independientemente de nuestros actos o nuestra voluntad- comparado con tener que dar por perdido -más allá de nuestra voluntad, con todo el dolor de nuestra alma- a nuestros seres queridos por una total incompatibilidad de cuerpo y espíritu?
Porque en cuerpo y en espíritu decimos sí o no al Señor. Con una cosa y con la otra. Para que no puedan darse estas ambigüedades que muchos aprovechan para salirse por la tangente
Dios no quiere dolor, ni carnal ni espiritual; quiere amor
Pero el amor, como el caminar, se demuestra amando; se manifiesta caminado. Nunca ociosos; jamás estancados
Hasta los mejores reclaman en ocasiones la necesidad de derramar sangre.
Mi modesta opinión: hasta donde el Amor requiera... con el mínimo de dolor, con la máxima entrega
El Amor siempre es gozoso ¡Otra cosa debemos sospechar en caso contrario!
Donde hay Amor, no puede el odio: puede el Amor
Por eso no es importante que todos nos odien por causa suya: El Amor todo lo vence
Ni uno solo de nuestros cabellos perecerá
Los mártires, gozosos, bien lo saben
En el Amigo
al + mc
Salmo 97 (Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud)
2 Tel 3, 7 - 12 (Un ejemplo que imitar)
Lc 21, 5 - 19 (Ocasión de dar testimonio)
Y hasta vuestros padres y parientes y hermanos y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros; y todos os odiarán por causa mía
Pero ni un cabellos de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perserverancia salveréis vuestras almas
¿No parece que Jesús anda un tanto contradictorio en esta ocasión?
¿Qué supone perder hasta el último cabello de nuestra cabeza -cosa que al menos a los hombres puede ocurrirnos de forma totalmente natural e independientemente de nuestros actos o nuestra voluntad- comparado con tener que dar por perdido -más allá de nuestra voluntad, con todo el dolor de nuestra alma- a nuestros seres queridos por una total incompatibilidad de cuerpo y espíritu?
Porque en cuerpo y en espíritu decimos sí o no al Señor. Con una cosa y con la otra. Para que no puedan darse estas ambigüedades que muchos aprovechan para salirse por la tangente
Dios no quiere dolor, ni carnal ni espiritual; quiere amor
Pero el amor, como el caminar, se demuestra amando; se manifiesta caminado. Nunca ociosos; jamás estancados
Hasta los mejores reclaman en ocasiones la necesidad de derramar sangre.
Mi modesta opinión: hasta donde el Amor requiera... con el mínimo de dolor, con la máxima entrega
El Amor siempre es gozoso ¡Otra cosa debemos sospechar en caso contrario!
Donde hay Amor, no puede el odio: puede el Amor
Por eso no es importante que todos nos odien por causa suya: El Amor todo lo vence
Ni uno solo de nuestros cabellos perecerá
Los mártires, gozosos, bien lo saben
En el Amigo
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domingo, 7 de noviembre de 2010
Trigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario
2 Mac 7, 1 - 2. 2 - 14 ( Los siete hermanos macabeos, cuya madre vió morir por aferrarse a la Vida)
Salmo 16 (Yo te invoco porque Tú me respondes)
2 Tes 2, 16 - 3, 5 (¡Dios Padre nos ama tanto!... y nos regala un consuelo permanente; y una gran esperanza que nos consuela y da fuerzas para la Vida)
Lc 20, 27 - 38 (Los siete hermanos muertos, cuya mujer era objeto de terrena disputa)
Dos ideas quisiera compartiros de estas lecturas.
La primera es máxima común múltiplo de ellas: no el mero concepto de la resurrección (como regalo o premio, que a la postre siempre sería inmerecido) sino de la Esperanza que para nosotros quiere nuestro Padre Celestial.
Pero ello lo desarrollaremos al hilo de comentaros lo que creo que quiere decir y lo que abrigo no quiere decir Cristo ante la falacia en la que le pretenden atrapar en aquel y también en este tiempo.
Porque lo último que quiero sentir como ungido por el sacramento del matrimonio es que -pese incluso a ser sacramento- parece que han de morir todos mis sentimientos hacia mi pareja -y todo lo que ello lleva parejo- si alcanzo lograr la Vida. Pero, muchos creyentes y amantes esposos como yo, nos preguntamos si ello no será más bien un morir la vida... sin los huesos de nuestros huesos ni la carne de nuestra carne.
Por ello estoy convencido que las palabras de Jesús iban por otros derroteros:
En primer lugar para afirmar que la mujer (el hombre) no es propiedad de nadie, ni muchos menos de su conyugue; de la misma manera que nadie es dueño de sí... si desde la fe admitimos un Señor Jesucristo.
Por eso la contestación del Maestro: "seremos como ángeles". Es decir, eternos, libres de nuestras circunstancias que nos atan -incluso a la muerte si nos dejamos- a las cosas mundanas y caducas.
Nuestro Dios lo es de vivos, no de muertos. Por eso, el que cree en el Camino, la Verdad y la Vida no ha de morir jamás.
Y a ver si en este final de curso aprendemos y comprendemos que lo que Dios promete, no lo dude el hombre
En el Amigo,
al + mc
Dedicado a Shirley y Avelino que ayer decidieron compartir el camino hacia la esperanza
Salmo 16 (Yo te invoco porque Tú me respondes)
2 Tes 2, 16 - 3, 5 (¡Dios Padre nos ama tanto!... y nos regala un consuelo permanente; y una gran esperanza que nos consuela y da fuerzas para la Vida)
Lc 20, 27 - 38 (Los siete hermanos muertos, cuya mujer era objeto de terrena disputa)
Dos ideas quisiera compartiros de estas lecturas.
La primera es máxima común múltiplo de ellas: no el mero concepto de la resurrección (como regalo o premio, que a la postre siempre sería inmerecido) sino de la Esperanza que para nosotros quiere nuestro Padre Celestial.
Pero ello lo desarrollaremos al hilo de comentaros lo que creo que quiere decir y lo que abrigo no quiere decir Cristo ante la falacia en la que le pretenden atrapar en aquel y también en este tiempo.
Porque lo último que quiero sentir como ungido por el sacramento del matrimonio es que -pese incluso a ser sacramento- parece que han de morir todos mis sentimientos hacia mi pareja -y todo lo que ello lleva parejo- si alcanzo lograr la Vida. Pero, muchos creyentes y amantes esposos como yo, nos preguntamos si ello no será más bien un morir la vida... sin los huesos de nuestros huesos ni la carne de nuestra carne.
Por ello estoy convencido que las palabras de Jesús iban por otros derroteros:
En primer lugar para afirmar que la mujer (el hombre) no es propiedad de nadie, ni muchos menos de su conyugue; de la misma manera que nadie es dueño de sí... si desde la fe admitimos un Señor Jesucristo.
Por eso la contestación del Maestro: "seremos como ángeles". Es decir, eternos, libres de nuestras circunstancias que nos atan -incluso a la muerte si nos dejamos- a las cosas mundanas y caducas.
Nuestro Dios lo es de vivos, no de muertos. Por eso, el que cree en el Camino, la Verdad y la Vida no ha de morir jamás.
Y a ver si en este final de curso aprendemos y comprendemos que lo que Dios promete, no lo dude el hombre
En el Amigo,
al + mc
Dedicado a Shirley y Avelino que ayer decidieron compartir el camino hacia la esperanza
jueves, 28 de octubre de 2010
Trigésimo primer Domingo del Tiempo Ordinario
Sb 11, 22 - 12, 2 (El poder de Dios se muestra de modo singular en la compasión, en la caridad; esto es, en el Amor)
Salmo 144 (Bendiciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi Rey)
2 Tes 1, 11 - 2, 2 (El día del Señor llega ¿como un ladrón?)
Lc 19, 1 -10 (Jesús y Zaqueo)
El Apóstol Pablo, como cualquiera de nosotros, pasó por todas y cada una de las etapas -necesarias- de acercamiento a Dios, a nuestro Señor JesusCristo: veíale primero con sus ojos terrenos, con sus circuntancias y humanas creencias; con sus mundanos apegos.
Así, él mismo llegó a creer que tornaría a ver en vida la vuelta (parusía) del Señor
Sólo al final de su existencia entendió que lo vería -en efecto- al principio de su Vida. ¡Tánto tiempo muriendo por El para entendender, muy al final -como Felipe- que siempre por El y para El había vivido!
Pero esto lo sabemos, estamos avisados; y puesto que quien avisa no es traidor...¿quién roba a quién?¿quién es es ladrón?
¿Quizás Zaqueo?
Zaqueo cumplía escrupulosamente la ley; esa ley tan injusta, en ocasiones, como el dinero. Y no obstante, Jesús nos apremia a conseguir la amistad de algunos hermanos -quizás alejados de Dios- mediante ellos: "si de alguno me he aprovechado -si así hubiese sido- le restituiré cuatro veces más" (el doble de lo que legalmente debería pagar si, efectivamente, fuese culpable de apropiarse de lo ajeno)
Definitivamente, Zaqueo no es ladrón; tampoco el Señor
¿Entonces?
Entonces, ésta es una historia de Salvación
En el Amigo
al + mc
Salmo 144 (Bendiciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi Rey)
2 Tes 1, 11 - 2, 2 (El día del Señor llega ¿como un ladrón?)
Lc 19, 1 -10 (Jesús y Zaqueo)
El Apóstol Pablo, como cualquiera de nosotros, pasó por todas y cada una de las etapas -necesarias- de acercamiento a Dios, a nuestro Señor JesusCristo: veíale primero con sus ojos terrenos, con sus circuntancias y humanas creencias; con sus mundanos apegos.
Así, él mismo llegó a creer que tornaría a ver en vida la vuelta (parusía) del Señor
Sólo al final de su existencia entendió que lo vería -en efecto- al principio de su Vida. ¡Tánto tiempo muriendo por El para entendender, muy al final -como Felipe- que siempre por El y para El había vivido!
Pero esto lo sabemos, estamos avisados; y puesto que quien avisa no es traidor...¿quién roba a quién?¿quién es es ladrón?
¿Quizás Zaqueo?
Zaqueo cumplía escrupulosamente la ley; esa ley tan injusta, en ocasiones, como el dinero. Y no obstante, Jesús nos apremia a conseguir la amistad de algunos hermanos -quizás alejados de Dios- mediante ellos: "si de alguno me he aprovechado -si así hubiese sido- le restituiré cuatro veces más" (el doble de lo que legalmente debería pagar si, efectivamente, fuese culpable de apropiarse de lo ajeno)
Definitivamente, Zaqueo no es ladrón; tampoco el Señor
¿Entonces?
Entonces, ésta es una historia de Salvación
En el Amigo
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jueves, 21 de octubre de 2010
Trigésimo Domingo del Tiempo Ordinario
Ec 35, 12 - 14. 16 - 18 (El Señor es un Dios justo que no puede ser parcial)
Salmo 33 (Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha)
2 Tim 4, 6 - 8. 16 - 18 (El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su Reino)
Lc 18, 9 - 14 (El fariseo y el publicano)
¿Cómo llamaremos al vaso que reciba la Gracia que se derrama?
Si la confianza es el bote que recibe la Misericordia y la paciencia la vasija que acoge la Justicia… ¿cuál es el recipiente que podemos proponer para recibir y guardar la Gracia de Dios?
Es la Gracia un bálsamo muy puro y preciado; necesita que este recipiente sea muy sólido para albergarlo.
Ahora bien, ¿qué hay más puro y consistente que la humildad de corazón?
Por eso, Dios da su Gracia a los humildes; justo por ello, pone su mirada en la humildad de su esclava
Y es justo así; porque un corazón puro no se deja ocupar por un mérito humano y, por ello, la plenitud de la Gracia puede derramarse aún más libremente.
Nos exhortaba Jesús el domingo pasado a fijarnos en lo que decía –sentir– el juez injusto. También este domingo nos invita a sentir lo que dicen dos personajes tan dispares.
¿Os habéis fijado en el decir –y sentir– del fariseo orando?
No era ladrón; ni injusto; ni adúltero. No descuidaba tampoco la penitencia. Ayunaba dos veces por semana; ¡daba el diezmo de todo lo que ganaba!
Pero estaba vacío de sí mismo; no se había despojado de sí; no era humilde; al contrario, era engreído.
No estaba preocupado por saber qué le faltaba para conseguir la vida eterna sino que exageró su mérito: no quedó lleno sino hinchado. Se marchó vacío por haber simulado la plenitud.
Y ¿habéis oído lo que decía –sentir– el publicano?
Éste, porque se humilló a sí mismo y tuvo cuidado de presentarse como un recipiente vacío, se pudo llevar una Gracia más abundante
Salmo 33 (Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha)
2 Tim 4, 6 - 8. 16 - 18 (El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su Reino)
Lc 18, 9 - 14 (El fariseo y el publicano)
¿Cómo llamaremos al vaso que reciba la Gracia que se derrama?
Si la confianza es el bote que recibe la Misericordia y la paciencia la vasija que acoge la Justicia… ¿cuál es el recipiente que podemos proponer para recibir y guardar la Gracia de Dios?
Es la Gracia un bálsamo muy puro y preciado; necesita que este recipiente sea muy sólido para albergarlo.
Ahora bien, ¿qué hay más puro y consistente que la humildad de corazón?
Por eso, Dios da su Gracia a los humildes; justo por ello, pone su mirada en la humildad de su esclava
Y es justo así; porque un corazón puro no se deja ocupar por un mérito humano y, por ello, la plenitud de la Gracia puede derramarse aún más libremente.
Nos exhortaba Jesús el domingo pasado a fijarnos en lo que decía –sentir– el juez injusto. También este domingo nos invita a sentir lo que dicen dos personajes tan dispares.
¿Os habéis fijado en el decir –y sentir– del fariseo orando?
No era ladrón; ni injusto; ni adúltero. No descuidaba tampoco la penitencia. Ayunaba dos veces por semana; ¡daba el diezmo de todo lo que ganaba!
Pero estaba vacío de sí mismo; no se había despojado de sí; no era humilde; al contrario, era engreído.
No estaba preocupado por saber qué le faltaba para conseguir la vida eterna sino que exageró su mérito: no quedó lleno sino hinchado. Se marchó vacío por haber simulado la plenitud.
Y ¿habéis oído lo que decía –sentir– el publicano?
Éste, porque se humilló a sí mismo y tuvo cuidado de presentarse como un recipiente vacío, se pudo llevar una Gracia más abundante
Casi literalmente copiado de unas palabras de San Bernardo
En el Amigo,
al + mc
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